Misa de la noche
Homilía predicada por el P. José Alegre, abad de Poblet
Is 9,2-7; Salm 95,1-3.11-13; Tit 2,11-14; Lc 2,1-14
En la noche de los tiempos, es decir cuando el tiempo dormía todavía en los sueños de la eternidad, Dios pensó en un gran proyecto: crear al hombre; crearlo a su imagen y semejanza.
El proyecto primero de Dios, era hacerlo con un corazón grande, naturalmente como el Suyo; con puertas y ventanas abiertas, como están las Suyas, evidentemente. Pues Dios es comunicación y abertura total y permanente. Evidentemente, para vivir un amor apasionado de fuego, de luz, de amor a tres bandas.
Pero los vientos desencadenados aquí abajo, y los recios vientos del Espíritu soplando desde arriba, golpearon con el tiempo puertas y ventanas del corazón del hombre, y pronto la casa empezó a resentirse, abriéndose graves hendiduras. El hombre, la humanidad, experimentará un sufrimiento agudo y desconcertado. Dios quiso poner remedio a tan lamentable situación: El mismo Dios preparó el viaje para bajar hasta el corazón del hombre; y allí en el corazón de la humanidad comenzó a ajustar las puertas y ventanas de aquel corazón humano. Una preparación que se prolongo durante siglos de los nuestros.
En esta nueva creación, Dios cambia la disposición de las puertas y ventanas de la casa: las ajusta para abrir y cerrar, para cerrar y abrir. Todo empieza a ser distinto. El hombre se siente con un nuevo corazón. Y con la alegría de sentirse dueño de la llave. Puede abrir y cerrar, cerrar y abrir.
Pero en la casa del hombre seguía habiendo y sigue habiendo sufrimiento. La opresión, el yugo de los esclavos, la bota que aplasta sin misericordia, la sangre que sigue regando la tierra, cada día más escasa del agua que sacia la sed.
El hombre tiene que aprender bien el dinamismo de su corazón: cuándo cerrar, cuándo abrir. Aquí está la llave de la alegría y la llave del sufrimiento.
Pero mirad: hoy en la Palabra de Dios se nos recuerda que tenemos un niño nacido que es maravilla de Consejero, Padre perpetuo, príncipe de la paz, para sostener y consolidar su obra.
Este Consejero está cerca de ti, en tu corazón y lo puedes poner en tus labios. Pero necesitas saber escuchar, tener el oído atento al rumor de su enseñanza que nos habla al corazón. Hay que aprender el dinamismo del corazón. Saber cuando cerrar y saber cuando abrir. Aprender el dinamismo del corazón, el dinamismo de la verdadera sabiduría de la vida.
El papa Benedicto XVI nos sugiere la escuela donde podemos aprender esta destreza: El Nacimiento es una escuela de vida donde podemos aprender el secreto de la verdadera alegría, que no consiste en tener tantas cosas sino en sentirse amados por Dios, en darse a los demás y en quererse. La verdadera alegría —explicó Benedicto XVI—, consiste en sentir que nuestra existencia personal y comunitaria se llena de un misterio más grande, el misterio del amor de Dios. Para alegrarnos necesitamos (...) amor y verdad. Necesitamos a un Dios cercano que caliente nuestros corazones y responda a nuestras expectativas más profundas. (Benedicto XVI, Bendición del Nacimiento)
Él es quien puede configurar, crear en ti, un corazón nuevo, para que puedas cantar un cántico nuevo, para que puedas proclamar la gloria y la bondad del Señor tu Dios que es bueno y te ama.
Pero esta Palabra te dice que un corazón nuevo es fruto de una vida HONRADA, SOBRIA Y RELIGIOSA que pone su esperanza en la aparición gloriosa del Señor.
Además escuchamos esta recomendación en unos tiempos de grave crisis económica de nuestra sociedad, donde se ha dicho que necesariamente esta crisis debería llevarnos a una vida más sobria, después de una época de salvaje e incontrolado consumismo. Donde se ha dicho que fundamentalmente esta crisis tiene sus fuentes en la falta de unos valores, una falta de confianza en la vida y las relaciones humanas.
Ha aparecido la gracia de Dios para enseñarnos una vida SOBRIA, HONRADA Y RELIGIOSA, mientras esperamos la aparición gloriosa de nuestro Salvador: Jesucristo.
¿Hemos aprendido, o estamos aprendiendo y practicando una vida más sobria, más honrada (ser en verdad lo que tengo que ser) más religiosa, queriendo vivir más cercanos a la angustia y desesperanza de tantos hermanos nuestros? ¿Sentimos esa aparición gloriosa de Jesucristo?
¿Puedo pasar al evangelio? Es decir: Quiero deciros que como está vuestra capacidad de escucha, como está de receptivo vuestro corazón al Señor. Y también a tu hermano. ¿Eres capaz de decir: "nosotros", con cualquier miembro de tu comunidad? Pero como una afirmación que te nace desde el corazón. Quiero decir que sin tener en cuenta todo lo anterior, lo que viene ahora no puede ser una Buena Noticia para ti. Difícilmente puedes penetrar en el Misterio de Nacimiento, contemplar las figuras del Belén. Que no puedes dar gloria y alabanza al Dios como te invitan los ángeles de Belén. Y que tampoco puedes arraigar en la paz que anhela tu corazón en sus relaciones humanas.
En este caso no podemos pasar al evangelio. No estás para mucha Navidad. Pero la celebración de este Misterio te puede ayudar a prepararla, y llegar a celebrarla más tarde. Ya que también dicen que Navidad es todo el año. En cuyo caso, demos gracias a Dios.
25 de diciembre de 2009
22 de diciembre de 2009
DOMINGO I DE NAVIDAD / LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ (Ciclo C)
LA BELLEZA DE LA PALABRA DE DIOS EN LA HOMILÍA
Eclo 3,2-6.12-14; Salm 127,1-5; Col 3,12-21; Lc 2,41-52
Reflexión: La familia
En los años 60 el Concilio Vaticano II resaltaba en la Gaudium et Spes algunos problemas urgentes del mundo. El primero sobre el que reflexionaba era la familia: Ataques a la dignidad de matrimonio y familia, poligamia, amor libre, divorcio, hedonismo… La situación económica, sociopsicológica y civil como origen de fuertes perturbaciones en la familia, que suscita la angustia en las conciencias…(GS 47)
En los 80, con motivo del Sínodo de Obispos sobre la Familia, Juan Pablo II escribe la Familiaris Consortio, que empieza así: La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido, quizás como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas. Muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar. Otras, se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. Otras, en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales.
El reciente Sínodo de los obispos africanos de este otoño ultimo resume así sus intervenciones sobre la familia: Muchos Padres Sinodales lamentan el destino de la familia en África (...) y consideran la institución bajo seria amenaza de inestabilidad y disolución a causa de la pobreza, los conflictos, las creencias y prácticas tradicionales (brujería) y las enfermedades, principalmente la malaria y el VIH SIDA (...)Pero los Padres Sinodales describen también de varias formas el feroz ataque a la familia y la afín institución fundamental del matrimonio, venido desde fuera de África y atribuible a diversas fuentes.
El panorama, pues, a medida que avanzan los años no parece crecer para dar esperanza. Es más, se habla de nuevos modelos de familia. Se desprecia y se ataca lo que todavía tenemos, y se aboga por nuevos modelos. Da la impresión que es un terreno más de los muchos que pisa el hombre en esta sociedad en donde el hombre, o la humanidad, o quien sea, se mueven a tientas. Yo creo que aquí se juega gran parte de su futuro, pues es en la familia donde se perfila la madurez de la persona, donde se fragua la persona. La persona cuya educación y camino a la madurez comienza en la dimensión más profunda de la misma. Un desarrollar toda la riqueza y capacidad que lleva dentro. Y esto ¿como puede ser factible si los educadores se mueven en las aguas de la superficie?
Palabra
El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a la madre acumula tesoros… Esta y otras más nos propone el Eclo como sugerencias para disfrutar de un clima familiar bueno. Un clima que se rompe por diferentes partes: por parte de los padres que no están del todo pendientes de la educación de sus hijos… Por parte de los hijos que progresivamente va avanzando el tiempo de su emancipación de los padres, de su independencia, como respuesta quizás, o en parte, a esa educación de los padres. Por parte de la sociedad, que está dando "palos de ciego" en esta tema de le educación, "preocupado" por otros valores.
Sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la comprensión… perdonaos mutuamente… Y por encima de todo el amor… Recomendaciones muy concretas con un espíritu que es muy necesario para que la persona humana pueda ir creciendo hacia una maduración más humana. Y una maduración que es indispensable para tener una sociedad más pacificada.
¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Una escena, esta del evangelio interesante y enigmática, que creo nos plantea, entre otros puntos, el de la libertad del hijo en un crecimiento obediente a los padres.
Sabiduría sobre la Palabra
Nazaret es la escuela en la que comienza a comprenderse la vida de Jesús: la escuela del Evangelio. He aquí algunas breves lecciones de Nazaret: En primer una lección de silencio. Que renazca en nosotros la estima del silencio, esa admirable e indispensable condición del espíritu; nosotros que nos vemos asaltados por tantos clamores, estrépitos y gritos en medio de nuestra vida moderna, tan ruidosa e hipersensibilizada. Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable. Una lección de trabajo. Nazaret, la casa del "hijo del carpintero": es aquí donde quisiéramos comprender y celebrar la ley severa y redentora del trabajo humano; restablecer la conciencia de su nobleza; recordar que el trabajo no puede ser nunca un fin en sí mismo, pero que su libertad y su nobleza le vienen, más que de su valor económico, de los valores que son su fin. (Pablo VI, Nazaret 5.01.1964)
Cristo ha nacido. Ha nacido para nosotros. Y ha nacido hoy. Pues Navidad no es meramente un día como otros. Es un día santificado, hecho especial por un misterio sagrado. Hoy entra la eternidad en el tiempo, y el tiempo santificado, queda prendido en la eternidad. Hoy, Cristo, la Palabra eterna del Padre, que estaba en el comienzo con el Padre, en quien todas las cosas fueron hechas, por quien existen todas las cosas, entra en el mundo que Él creó para reclamar almas que habían olvidado su identidad. Por tanto, la Iglesia exulta, cuando los ángeles bajan a anunciar, no meramente una cosa antigua, como ocurrió hace mucho tiempo, sino una cosa nueva que sucede hoy. Pues hoy Dios Padre hace nuevas todas las cosas, en su Hijo divino, nuestro Redentor, conforme a sus palabras: ecce nova facio omnia. (Tomas Merton, Tiempos de celebración)
Eclo 3,2-6.12-14; Salm 127,1-5; Col 3,12-21; Lc 2,41-52
Reflexión: La familia
En los años 60 el Concilio Vaticano II resaltaba en la Gaudium et Spes algunos problemas urgentes del mundo. El primero sobre el que reflexionaba era la familia: Ataques a la dignidad de matrimonio y familia, poligamia, amor libre, divorcio, hedonismo… La situación económica, sociopsicológica y civil como origen de fuertes perturbaciones en la familia, que suscita la angustia en las conciencias…(GS 47)
En los 80, con motivo del Sínodo de Obispos sobre la Familia, Juan Pablo II escribe la Familiaris Consortio, que empieza así: La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido, quizás como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas. Muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar. Otras, se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. Otras, en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales.
El reciente Sínodo de los obispos africanos de este otoño ultimo resume así sus intervenciones sobre la familia: Muchos Padres Sinodales lamentan el destino de la familia en África (...) y consideran la institución bajo seria amenaza de inestabilidad y disolución a causa de la pobreza, los conflictos, las creencias y prácticas tradicionales (brujería) y las enfermedades, principalmente la malaria y el VIH SIDA (...)Pero los Padres Sinodales describen también de varias formas el feroz ataque a la familia y la afín institución fundamental del matrimonio, venido desde fuera de África y atribuible a diversas fuentes.
El panorama, pues, a medida que avanzan los años no parece crecer para dar esperanza. Es más, se habla de nuevos modelos de familia. Se desprecia y se ataca lo que todavía tenemos, y se aboga por nuevos modelos. Da la impresión que es un terreno más de los muchos que pisa el hombre en esta sociedad en donde el hombre, o la humanidad, o quien sea, se mueven a tientas. Yo creo que aquí se juega gran parte de su futuro, pues es en la familia donde se perfila la madurez de la persona, donde se fragua la persona. La persona cuya educación y camino a la madurez comienza en la dimensión más profunda de la misma. Un desarrollar toda la riqueza y capacidad que lleva dentro. Y esto ¿como puede ser factible si los educadores se mueven en las aguas de la superficie?
Palabra
El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a la madre acumula tesoros… Esta y otras más nos propone el Eclo como sugerencias para disfrutar de un clima familiar bueno. Un clima que se rompe por diferentes partes: por parte de los padres que no están del todo pendientes de la educación de sus hijos… Por parte de los hijos que progresivamente va avanzando el tiempo de su emancipación de los padres, de su independencia, como respuesta quizás, o en parte, a esa educación de los padres. Por parte de la sociedad, que está dando "palos de ciego" en esta tema de le educación, "preocupado" por otros valores.
Sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la comprensión… perdonaos mutuamente… Y por encima de todo el amor… Recomendaciones muy concretas con un espíritu que es muy necesario para que la persona humana pueda ir creciendo hacia una maduración más humana. Y una maduración que es indispensable para tener una sociedad más pacificada.
¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Una escena, esta del evangelio interesante y enigmática, que creo nos plantea, entre otros puntos, el de la libertad del hijo en un crecimiento obediente a los padres.
Sabiduría sobre la Palabra
Nazaret es la escuela en la que comienza a comprenderse la vida de Jesús: la escuela del Evangelio. He aquí algunas breves lecciones de Nazaret: En primer una lección de silencio. Que renazca en nosotros la estima del silencio, esa admirable e indispensable condición del espíritu; nosotros que nos vemos asaltados por tantos clamores, estrépitos y gritos en medio de nuestra vida moderna, tan ruidosa e hipersensibilizada. Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable. Una lección de trabajo. Nazaret, la casa del "hijo del carpintero": es aquí donde quisiéramos comprender y celebrar la ley severa y redentora del trabajo humano; restablecer la conciencia de su nobleza; recordar que el trabajo no puede ser nunca un fin en sí mismo, pero que su libertad y su nobleza le vienen, más que de su valor económico, de los valores que son su fin. (Pablo VI, Nazaret 5.01.1964)
Cristo ha nacido. Ha nacido para nosotros. Y ha nacido hoy. Pues Navidad no es meramente un día como otros. Es un día santificado, hecho especial por un misterio sagrado. Hoy entra la eternidad en el tiempo, y el tiempo santificado, queda prendido en la eternidad. Hoy, Cristo, la Palabra eterna del Padre, que estaba en el comienzo con el Padre, en quien todas las cosas fueron hechas, por quien existen todas las cosas, entra en el mundo que Él creó para reclamar almas que habían olvidado su identidad. Por tanto, la Iglesia exulta, cuando los ángeles bajan a anunciar, no meramente una cosa antigua, como ocurrió hace mucho tiempo, sino una cosa nueva que sucede hoy. Pues hoy Dios Padre hace nuevas todas las cosas, en su Hijo divino, nuestro Redentor, conforme a sus palabras: ecce nova facio omnia. (Tomas Merton, Tiempos de celebración)
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