LA BELLEZA DE LA PALABRA DE DIOS EN LA HOMILÍA
Deut 26,4-10; Salm 90,1-2.10-15; Rom 10,8-13; Lc 4,1-13
Reflexión: Sobre el tiempo de Cuaresma
La categoría de la fiesta incide siempre en la manera de su preparación. La Cuaresma es un tiempo de transito, un gran tránsito, hacia la Pascua, la primera y más solemne fiesta de los cristianos. La Pascua es una fiesta, y también un tiempo especial dentro del Año Litúrgico, para afirmarnos en nuestra fe en la resurrección de Jesucristo. La resurrección de Jesucristo es el núcleo de nuestra fe cristiana. Si Cristo no ha resucitado, dirá san Pablo, nuestra fe es vana, todavía estamos en nuestros pecados. Luego es importante, es necesario que nos tomemos en serio el tiempo de preparación de esta fiesta. Es necesario profundizar en aquellas exigencias que la Cuaresma quiere poner en nuestra vida.
Jesucristo enseñó a sus discípulos de dejar todo, tomar su cruz y seguirlo a Él que no es de este mundo, como dice en la despedida de la Ultima Cena. El horizonte es la Pascua, evidente, pero es necesario hacer el camino. Hay que "pasar" a la Pascua. Previamente nos tenemos que hacer conscientes de la exigencia que supone este camino a la Pascua.
Yo creo que somos conscientes de que la sabiduría de este mundo no está en la línea de la sabiduría de Dios, lo cual quiere decir que el hombre que sigue a Cristo, o el cristiano que quiere vivir su fe pascual, ha de plantearse vivir otra sabiduría. Y esto no viene de manera infusa. Aunque necesitamos la gracia de Dios para recorrer estos caminos, también es verdad que el Señor espera de nosotros una colaboración activa, firme.
¿En que debe consistir esta colaboración nuestra? ¿cómo debe ser nuestro trabajo cuaresmal? Si necesitamos de la ayuda de Dios, pues busquemos esta ayuda, escuchemos lo que Dios quiere de nosotros. Y aquí podemos tener ya un punto claro: escuchar sus palabras. El tiempo de Cuaresma debe ser un tiempo especial de escucha. Luego de aquí se deduce que el tiempo de Cuaresma debe ser un tiempo especial de silencio. El silencio es el clima que hace posible la escucha. Después, nos podemos preguntar por el contenido de la escucha. Si ha de ser la escucha de Dios, pues el contenido será su palabra, sus palabras recogidas y ofrecidas en los Libros Sagrados
Y a partir de aquí, caminar y vivir confiados en lo que nos vaya diciendo o sugiriendo el te salvarásSeñor. Nuestra respuesta deber ir de acuerdo a dicha escucha.
Palabra
«Mi padre fue un arameo errante, bajo a Egipto,…creció, se hizo una raza grande, nos esclavizaron, clamamos al Señor y el Señor escuchó nuestra voz, nos sacó de Egipto, y nos introdujo en una tierra que mana leche y miel». En esta primera lectura tenemos una breve relación de los momentos clave de la vida del pueblo elegido, y que viene a constituir su profesión de fe. Una fe que se ve puesta a prueba a lo largo de la historia del pueblo elegido. Una fe vivida intensamente en la historia como un permanente peregrinaje hacia la tierra de la promesa. El pueblo reconoce la acción positiva de Dios que protege que acompaña a su pueblo. Pero también, un pueblo que a lo largo de la historia tendrá sus momentos de desfallecimiento y de infidelidad. La fe es una experiencia de Dios vivida en ese día a día en el cual el hombre tiene sus altibajos, de cara a sus hermanos y de cara a Dios también.
«Si tus labios profesan que Jesús es el Señor y tu corazón cree que Dios lo resucitó, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justicia, y por la profesión de los labios, a la salvación». La fe en Jesucristo. El pueblo elegido vive en el Antiguo Testamento su fe como una confianza en Dios. En el Nuevo Testamento esta fe viene a ser una relación personal con Jesucristo. Es una fe que nos lleva a vivir la experiencia del resucitado, del hombre nuevo. El Espíritu del Resucitado nos lleva a una vida nueva.
«El Espíritu lo fue llevando al desierto, mientras era tentado por el diablo». En las tentaciones están preanunciadas todas nuestras tentaciones, que ponen a prueba nuestra fe. Es importante este pasaje, no sólo por lo que nos dice sobre Jesús, sino también por lo que nos dice sobre nosotros. Dice Dostoyevski: "En ellas están en conjunto como resumida y preanunciada toda la historia humana". La primera tentación es la intentar cambiar el curso natural de las cosas. El manipular todo, para hacerlo instrumento de mi interés particular. La segunda viene a ser aquello de "vender al alma al diablo"; adquirir poder extraordinarios y el éxito a toda costa. La tercera buscar la espectacularidad, llamar la atención al precio que sea
Sabiduría sobre la Palabra
«La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: Mira en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (Sal 51,7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original». (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma, 2010)
«El ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego; lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno». (San Pedro Crisólogo)
«Dios puede, en realidad alimentar a los pobres; pero quiere que se unan, por amor, los que dan con quienes reciben». (San Juan Crisóstomo)
«No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama». (Santa Teresa)
21 de febrero de 2010
17 de febrero de 2010
MIÉRCOLES DE CENIZA
Homilía predicada por el P. José Alegre, abad de Poblet
Joel 2,12-18; Sal 50 3-6.12-14.17; 2Cor 5,20-6,2; Mt 6,1-6.16-18
Soñó Dios, una noche, con una NOCHE preciosa.
Una noche preciosa que llegó después de muchos días con sus noches.
Y soñó… como sueña siempre, como sueña desde el principio, a lo grande… Soñó con TODOS.
Soñó que todos llegaban esa noche, no importa a qué hora, ni de donde.
Ni tampoco si no se podían mover de casa… lo que importaba
es que todos tenían la misma cita.
Todos llegaban y cuantos más llegaban, más entraban y todavía había sitio para más…
de hecho la puerta se dejó toda la noche abierta y ya no se cerró nunca.
Soñó Dios que todos, esa noche, traían sus mochilas repletas de vida, con el deseo de
compartirla y disfrutar de la vida de los demás… como si en eso les fuera la vida.
Soñó Dios que todos, esa noche, querían sentarse juntos, grandes y pequeños,
como una gran familia, con el deseo de vivir las cosas del Padre juntos…
Empezamos la Cuaresma. Dios sueña en nuestra noche, con una NOCHE preciosa. Dios sueña en nuestra noche con TODOS. Nosotros necesitamos soñar. Ahora es la hora de soñar. Ahora son los días de soñar. Soñar con una NOCHE preciosa. La NOCHE de Pascua. Aquella noche en que todo lo ilumina el gozo de Dios, la noche en que se une lo humano con lo divino.
Dios sueña, en la noche de tu pecado, del mío, en la noche del pecado de la humanidad, con una NOCHE preciosa, única. Dios sueña con la rotura de nuestros corazones, porque Él es rico en amor, compasivo y misericordioso. Y sueña en su inmenso amor con recomponer nuestros corazones heridos, rotos…
Tú necesitas soñar. Necesitas soñar en tu noche con una Noche preciosa, única. Necesitas soñar, en tu noche, con el sueño de Dios, para saber de la ternura y del amor de un Dios que sueña con todos y que, por lo mismo, sufre con todos y por todos. Dios es muy humano. Tan humano que sueña con todos y por todos. Sufre por todos.
Miércoles de Ceniza. Comienza la Cuaresma. Ahora es la hora de soñar. Ahora son los días para soñar. Con una Noche preciosa, clara como el día.
Dios sueña en la noche. Sueña tú también con Dios…
Dios sueña en la noche, con una Noche preciosa, en que se desvanece la misma noche, y queda triturado el pecado y la muerte. Sueña con la alegría y la concordia. Dios sueña con la reconciliación. El sueño de la reconciliación que lo ha dejado grabado en su naturaleza divina trinitaria, y lo ha derramado en la naturaleza humana.
Tú necesitas soñar sueños de reconciliación. Son los sueños que olvidan de cerrar las puertas. Sueños de puertas abiertas. Al viento de Dios. Tú necesitas soñar sueños de reconciliación. Pues de lo contrario te preguntaran: ¿dónde está tu Dios? El Dios de los cristianos es un Dios trinitario, eternamente reconciliador. No hay otro Dios sino éste.
Dios sueña en la noche, con una Noche preciosa. Tú necesitas soñar. Sueña los mismos sueños de Dios. Para esto Él ha puesto en ti su Palabra: «La Palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón». (Rom 10,8) «Entonces, ¿qué nación tiene un Dios tan cercano como está el Señor, nuestro Dios, cuando lo invocamos?». (Deut 4,7)
La Palabra despierta los más bellos sueños que puedes tener. La Palabra despierta las más fuertes energías para caminar por senderos de reconciliación.
Haz en estas horas de Cuaresma, en estos días de camino a la Pascua que la Palabra sea tu alimento principal. La que ponga el perfume, el buen aroma de Cristo en tu cara y en tu corazón. Que la Palabra escriba una nueva melodía en tu corazón, que la Palabra escriba en ti las notas que precisas para escribir en tu vida y cantar, con otro el canto nuevo. El canto de un Día nuevo en que todo lo llena el día y la luz de Dios.
Soñó Dios que todos, esa noche, querían sentarse juntos, grandes y pequeños,
como una gran familia, con el deseo de vivir las cosas del Padre juntos…
Efectivamente, Dios ha tenido este sueño. Pero somos nosotros quienes debemos hacer realidad los sueños de Dios.
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