1 de noviembre de 2009

INICIO DEL NOVICIADO Y VESTICIÓN DE FRAY DAVID RENART

Alocución pronunciada por el P. José Alegre, abad de Poblet, en la sala capitular

Regla de san Benito, capítulo 72
El buen celo que han de tener los monjes

Nuestro modo de pensar es el de Cristo (1Cor 1, 16). Anhelamos vestirnos encima la morada que viene del cielo… No querríamos quitarnos lo que tenemos puesto, sino vestirnos encima de modo que lo mortal quede absorbido por la vida (2Cor 5, 3). Revestiros de ese hombre nuevo, creado a imagen de Dios (Ef 4, 24). Vestíos de ternura entrañable, de agrado, de humildad, sencillez, tolerancia, perdonaos cuando uno tenga quejas contra otro… Interiormente que la paz del Mesías tenga la última palabra (Col 3, 12).

Lo que Dios ha empezado en ti, que lo lleve a término… ESCUCHA, David. ESCUCHA, hoy y cada día de los sucesivos, esta Palabra de la Escritura que acabo de leer. Aquí tienes el auténtico hábito, siempre nuevo, siempre dispuesto para ti. No olvides esta Palabra de la Escritura y recuérdala ejercitando la primera palabra de la Regla: ESCUCHA.

Entonces lo que Dios ha empezado en ti, lo llevará Él mismo a feliz término. Esta obra buena que comenzó en tu familia, con tus padres, Salvador y Luisa… En tu camino, hasta aquí, hubo luces y sombras. Pero, gracias a la obra buena que el Señor comenzó en ti, y que fue encontrando unas circunstancias favorables en tu ambiente, ha ido tomando fuerza la luz. Hoy quieres corresponder a la obra buena de Dios con la respuesta generosa de entregarte más a Él. De esta manera, va madurando la obra buena con un crecimiento en tu vida espiritual.

Y lo quieres hacer en una comunidad monástica, en esta comunidad de Poblet. La comunidad ayuda con sus virtudes que, evidentemente, las tiene. Una comunidad siempre es positiva para la persona. Sea la familia, comunidad religiosa, civil, eclesial… También ayuda con sus defectos, que, evidentemente, también los tiene. Tú, también los tienes. Pero quien navega con sabiduría, y la ayuda del Señor, que la tendrás si la buscas, sabe aprovechar los vientos favorables y los desfavorables. Y crece en la vida del Espíritu. ¡Vive la vida monástica! ¡Crece!

Empiezas este camino con el símbolo importante de dejar una prenda que llevabas hasta ahora por fuera. Un gesto simbólico pero lleno de vida. Aprovéchalo. Vive este gesto simbólico cada día.

Eres una persona con gusto, ordenada, que busca cuidar los detalles. Buscas cuidar el estilo, el color, la marca… Esto está bien. Una buena base para una vida monástica. Pero ante esta nueva opción que haces de cara al Señor, Él te llama a un cambio importante. Y te sugiero que, si eres generoso en tu respuesta, hallarás buena y nueva respuesta generosa por parte del Señor. Él, no se deja ganar en generosidad.

Hay que darle la vuelta a la camisa. Cambiar de marca, color, estilo… Te revistes de una nueva prenda, de un hábito. Blanco. Aquí no hay colores. Todo lo debe llenar el color de Dios. Ahora es necesario también cuidar el color, el estilo, la marca. Pero por dentro. El interior. Lo importante ahora es el color de Dios en tu corazón. Lo demás es basura. Que lo mortal sea absorbido por la vida, dice la Palabra. Entonces crecerá tu alegría y tu paz.

Tienes este capítulo 72 como punto de referencia para ir asumiendo en tu vida la Palabra de Dios que te irá revistiendo con una vida nueva. Es una página de gran vigor espiritual, propio de un hombre de Dios. Y para un hombre de Dios, o que quiere ser de Dios. Este capítulo nos ofrece una clave para leer la Regla. Aquí está la raíz de todas las vidas monásticas, de las que han alcanzado su objetivo y de las que no lo han alcanzado.

El buen celo que deben tener los monjes, hace referencia a la actitud primordial, gracias a la cual la vida del monje se convierte en camino de fuego hacia la plenitud de la caridad, sin la cual la vida se reduce a un conjunto de frustraciones.

La vida de comunidad es exigente y requiere un largo aprendizaje. Y en esta vida comunitaria el novicio está llamado a aprender contemplando la comunidad, la auténtica maestra de novicios. Sin caer en el peligro evidente de juzgar. Contemplarlo todo y quedarse con lo bueno para que se vaya encendiendo ese fuego interior.

De los ocho puntos que concretamente recomienda, cinco se refiere a relaciones dentro de la comunidad. Lo cual es bastante elocuente de lo fundamental que es vivir una buena relación humana y de fe dentro de la comunidad. Luego hay otros tres puntos: Dios, Cristo y el abad, que estarán para ayudarte a caminar con esperanza, para que llevados por el mismo Espíritu lleguemos juntos a la vida eterna.

Escucha, guarda, vive, este capítulo 72 de la Regla, para que tu corazón se sienta arropado con el vestido siempre nuevo de la Palabra divina.

25 de diciembre de 2008

NATIVIDAD DEL SEÑOR

Misa del Día

Homilía predicada por el P. José Alegre, abad de Poblet
Is 52, 7-10; Salmo 97, 1-6; Heb 1, 1-6; Jn, 1-18

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice: Tu Dios es Rey … Romped a cantar …

La Palabra de Dios nos ofrece un cuadro en esta lectura de gran belleza. El mensajero camina ligero sobre los montes, sobre la belleza de la creación, para anunciar el nacimiento de la Belleza en el seno de la humanidad. La Belleza que salva al mundo. Esta Belleza ya anunciada en la belleza de la creación y cantada por los poetas:

Este cielo azul dominando las montañas, el mar inmenso y el sol brillando por todo el universo, la fascinación del cielo azul, las cosas bellas creadas para mis ojos, mis ojos y mis sentidos creados para esta belleza… ¡Qué belleza, Señor cuando la miramos con tu paz en nuestra mirada… (Joan Maragall).

O la Belleza que buscaron otros, y en su búsqueda dejaron el sello de Dios en sus páginas de belleza y de luz:

En su búsqueda, no renunciaron
a la palmera, el olivo, los pájaros,
el ciprés, el sol, las rosas,
la luna, las estrellas, la fuente
el fuego, la lumbre y el fervor
por una y todas las cosas.
En el límite de todo límite,
tampoco callaron el amor
y las ansias de Dios
que en el corazón ardía
y a todas las cosas daban su luz …
(D.Sabiote)

Nos lo recuerda también la Palabra: los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios. Es la victoria de la luz y del amor que se hace patente en el ámbito de la creación. Pero nos conviene guardar la distancia, la distancia contemplativa para no caer en el pecado que denuncia el poeta:

Permaneced distantes.
Me encanta oír como las cosas cantan.
Las tocáis: se vuelven mudas y rígidas,
Vosotros me matáis todas las cosas.
(Rilke)

Es necesario despertar el espíritu contemplativo, que nos acerca al misterio de las cosas, despertar el espíritu contemplativo que nos aleja de la rigidez del juicio con el que encasillamos el mundo, las personas, los acontecimientos. Despertar el espíritu contemplativo que reavive el fuego que arde dentro y que nos permita sacar luz, ser luz, proclamar el amor. Es necesario mirar todo con la paz en el corazón. Porque esta paz prepara el silencio en que se puede escuchar la Palabra, mediante la cual nos ha hablado Dios: En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios a nuestros padres. Ahora, en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo, heredero de todo, reflejo de su gloria, que sostiene el universo.

Pero como la belleza de la creación está en la serenidad de su silencio, receptiva siempre a la gloria de su Creador, también nosotros seremos receptivos a esa Palabra que nos sigue hablando hoy si nos tomamos en serio el servicio del silencio:

El silencio es el ámbito de este Niño.
El silencio es el ámbito del nacimiento de Dios.
Sólo si nosotros mismos
entramos en el ámbito del silencio,
llegamos al lugar
donde acontece el nacimiento de Dios.
(Benedicto XVI)

El silencio para acoger la Palabra. Para leer a Dios. Para ejercitarnos en esta lectura de Dios, en la creación, en los acontecimientos, en la vida de los demás, en las Escrituras. Porque la Palabra que en el principio estaba junto a Dios, y por la que se hizo todo, continúa estando a la derecha de su Majestad en las alturas. Y continua ejercitándose en su preciosa obra de creación. Es en la Palabra, donde estaba la vida, donde siguen estando las fuentes de la vida, y desde donde el rumor de sus aguas se proyectan como luz para las tinieblas. Luz para continuar la obra de creación, la permanente novedad, como nos enseña san Ireneo: «¿Qué es lo que nos aporta de nuevo el Señor con su venida? Aporta toda la novedad, aportando su propia persona anunciada con antelación. Porque el que era anunciado con antelación era precisamente que la Novedad venía a renovar y reavivar al hombre».

Para poder llegar a ser hijos de Dios, si creen en su nombre, como nos ha subrayado el evangelio. Esto es: nacer de Dios.